sábado, 30 de enero de 2010

miércoles, 27 de enero de 2010

Donde ya no.

Esta noche he regresado donde ya no. Donde nunca más. Donde piedra y camino. Donde quizás perdón pero jamás olvido.
¡Ah, sonreís ¡... sois capaces de la sonrisa. A través de los años, el tiempo, la vida, sois capaces de la sonrisa.
Helasteis mi corazón entonces. Y sonreís. No recordáis. No hay memoria. Ni tiempo para las heridas.
Nunca fueron vuestras.
Solo con una palabra, con un desvío de la mirada, con un silencio, instaurasteis el ya no en mi vida. Hasta ser solo esta fotografía donde yo no estaré jamás.
Porque nunca se olvida lo que asesina la infancia.




viernes, 22 de enero de 2010

Una historia del jardín

En el tranquilo jardín donde no pasaba nunca nada, se iba muriendo sin un sobresalto el sapito que cada año venía a beber al estanque.
Pero nadie lo notó. Salvo el gorrión, que se acercó para consolarlo.
El sapito viejo le sonrió:
-No te preocupes, gorrión; nosotros no existimos- dijo mirando las ventanas del salón, donde jugaban los niños- no somos de su especie.


Decir.



A menudo, quien dice lo que no sabe no sabe lo que dice.




miércoles, 20 de enero de 2010

Algunas veces, cuando te pienso...

Algunas veces cuando te recuerdo imagino tu sonrisa confirmando;
tú que te estás perdiendo ahora el esfuerzo llevado a buen puerto.
Imagino tu clara mirada y tus manos abiertas en asentimiento
los ojos que chispean como titilando en el claror del ya lo decía yo.

Con tanta sencillez –como tú eras- oh, tú, sencilla y clara en la alegría,
lo hablaríamos en voz baja como son las cosas alegres en casa:
sin adornos, ni artificios, con la frescura del agua que se derrama,
hontanar cristalino, siempre arroyuelo, nunca cascada.

Algunas veces cuando te pienso imagino tu voz reafirmando:

“Camina despacio, sin perder el norte, sin trancar el paso
sin dolerte de ti ni olvidar ni pasar por alto
a quienes al lado del camino caminaron a tu lado,
desbrozaron senderos, abrieron veredas, te dieron la mano.

Y si al final no llegaras a ninguna parte, no hubiera sendero
ni valle, ni senda, ni cuesta, ni colina, ni altozano,
en la última curva de la última recta, del último paso
sabes que yo sí, yo te estaré esperando.”


martes, 19 de enero de 2010

Sobresalto

Entonces sucede, usted lo sabe, son cosas nimias, sin trascendencia,
no salen en la tele, ni las dice la radio, usted sabe, son esas cosas,
esas pequeñas tonterías; usted ha apagado el pitillo, y el café,
ya frío, posos en la taza, helado como un rostro ajeno, o ceniza,
en la mesa, restos, la pieza de fruta, y la radio suena monótona,
se oyen gritos del de siempre, oh, los contertulios, y la carcajada
del gracioso, el amaneradamente simpatiquísimo que escupe,
y todos ríen, y usted, ya se sabe, son esas cosas que suceden a veces,
las decía aquel poeta, aquel raro, maldito algunos le llamaron,
ese que tenía un apellido tan largo como su soledad y su derrota
[en noches como ésta, cuando a usted, o a él, les venía como un vómito, ]
o una irrefrenable sensación de que nada era como está previsto,
[y no es posible salvo la quemazón infinita de las ausencias, derrelictos, ]
notas a pie de página que nadie leerá, o el simple aletear de un pájaro
[que se muere bajo las estrellas de una ciudad inexcusablemente vacía. ]

[Entonces, sí, entonces sucede, usted ya no mira, entrecierra párpados, ]
la radio ahora escenifica música para la madrugada, qué atenta,
se derrama usted en el sofá, largo, como un río o una orilla,
[mas allá de los alborotos, del recuerdo contrariado de un negador de síes, ]
más allá de los desencuentros entre su corazón y su palabra, lejano
[al gratísimo- oh, mi gratísimo amigo- afilar de cuchillos bajo sonrisas ]
extemporáneas, dúctiles, a tanto la hora, ya no. ya no.

Entonces sucede:
en el reflejo del ventanal que lo refleja,
se mira usted como si fuera otro y no se reconoce.
y se sobresalta.





jueves, 14 de enero de 2010

Canción Inútil de la Desesperanza.

Esta facilidad de escribir desde aquí;
Desde aquí donde no duele, no quema, no mancha,
Desde aquí donde no sangra, no salpica, no acobarda,
No asusta, no hiere, no amedrenta, no mata.

Esta facilidad del poeta de escribirlo aquí
Con las manos limpias, sin el miedo en la cara,
Sin los rostros de la muerte, con el cristal de pantalla
Estómago satisfecho de hacer un poema – oh, el testimonio-
¡qué valor hay que tener para ser tan miserable!...
Y después tomar el ascensor, fumar el pitillo, llegar a casa.

Esta facilidad de apropiarse el dolor ajeno, la miseria,
La pobreza, la muerte, las balas, la falta de libertad,
Todas esas grandes palabras que los sin nombre no leen,
No escuchan, no encuentran, no conocen, no hablan.

Esta augusta condescendencia miserable del descenso
Sin saber que el infierno no es el nuestro,
Nunca lo fue, no lo será, no nos pertenece...
Y lo contamos, solemnes, falsos, trágicos,
Adoloridamente analógicos, para cenar mientras ellos ya han muerto.

Mientras ellos ya han muerto.

En el instante preciso en el que se pone fin al verso,
Mientras suspira el poeta, contento, emocionado,
De haber contribuido a nada en el llanto ajeno.




miércoles, 13 de enero de 2010

Tu sonrisa

Quizá nunca tus manos, ni tu sombra,
Ni acaso tu eco...
Sí tu sonrisa.
Esa me pertenece.
Entera.
Jardín secreto donde residimos.


sábado, 9 de enero de 2010

Hiedra

La piel de siglos ya conoce los signos...
Las grietas, rozaduras, rasguños apenas.

Apenas visibles, imperceptibles...
Ni siquiera duelen, se inventa la excusa...

Y en el jardín recoleto, olvidado, dormido
Llueve sobre mojado.

Hasta que una noche sin viento
Se advierte latiendo la cicatriz.

Y se anegan las dulcísimas hojas de la hiedra.





viernes, 8 de enero de 2010

Retazos.

A veces me llueve silencio y lentitudes
Aromas y perfumes que pensé olvidados...

Como si una mano levísima acariciara
Espejos empañados.


Y encuentro fotografías en baúles viejos,
Imposibles retratos de otro tiempo.

Cartas que me dicen quién fui un invierno,
Monedas que nunca usé ni recuerdo.

Retales de ropa usada que deseché sin remedio,
Una rosa guardada de un aniversario secreto.

A veces me llueve lentitudes y silencio,
Como si también el tiempo se hiciera viejo...

Como si la vida fuera también un espejo,
Un empañarse cristales lloviendo.

Desaparición del Mar

Si se nos muere el mar entre los dedos
No abriremos exclusas a la memoria
- blancura y violetas- tierra abonada-
y en la arena sólo existirán los pétalos.

Si se nos muere el mar en este invierno
- nieve en la luz y pleniluna de frío-
las ramas desnudas del arce a contralaire
desvelarán un cielo plomizo en tornavueltas.

Si se nos muere el mar agotado a contracielo
- peñasco horizontal volumen sin gaviotas-
la espuma lloverá naufragios de silencios
como si el mar fuera al fin un desierto de palabras


miércoles, 6 de enero de 2010

El Dragón y los Reyes Magos

Para llegar a la casa de los niños del mundo, los Reyes Magos tienen que cruzar el Bosque de Aland, donde vive el Dragón del Sueño Profundo.
El Dragón no es malo, pobrecillo, qué va a ser malo, lo que pasa es que tiene un problema, y es que todo el que se le encuentra se queda profundamente dormido y no despierta hasta que es muy mayor y entonces ya no puede volver al Bosque, ni creer en las hadas ni en los Reyes Magos.
Y claro, si los Reyes Magos se duermen, y luego al despertar no creen que ellos son ellos, pues tendríamos un problema, y gordote...
Y para esa travesía, en el Bosque, han destinado desde tiempo inmemorial a los Gnomos de la Noche en Vela.
Estos gnomos, no duermen por la noche, como indica su nombre. Y además tienen poder mágico sobre el Sueño; un antiguo habitante del Bosque que es un poco travieso, porque ataca (ataca durmiéndolos, no crean que de otro modo) a los ciudadanos del Bosque y a quienes lo atraviesan cuando le da la realísima gana.

Su poder mágico es que pueden hacer que se asuste y se vaya donde no moleste.
Así que la noche del cinco de enero, los Reyes Magos llegan al Bosque y una fila de Gnomos, ataviados con sombrero naranja, vestidos de terciopelo, y unas varas larguísimas ( y cuando digo larguísimas no exagero) de fresno se ponen al lado de ellos y los acompañan.
Y esta historia verdadera se repite todos los años...
Pero, veréis; este año ha habido un problema, un problema muy divertido. Y es que el Dragón ha pedido a los Reyes un regalo. Y claro, los Reyes han dicho que sí, porque el Dragón no tiene la culpa de lo que le pasa y además a causa de lo que le pasa él nunca ha podido dejar los zapatos enormes de Dragón para recibir su regalo.
Y los Gnomos se han inquietado una barbaridad (y cuando digo una barbaridad no exagero), porque a ver cómo van los Reyes a ver al Dragón, a acercarse al Dragón y a no quedarse dormidos, si encima le tienen que dejar un regalo...

Melchor se rasca la barba, Baltazar se sonríe, y Gaspar daba saltitos, ellos estaban muy contentos de darle un regalo al Dragón.

-Pero, Majestad Baltasar, ¿no comprendéis que eso es una locura?...os dormiréis...¿qué será de los Niños?...
-No nos dormiremos, Gnomo Blanquimontaña... haremos magia.
-Gr, grr, grrr...no se, no se, magia, ¿magia?...
-Magia maravillosa, magia de la buena, magia Real.

El rey Melchor, al decir esto, se ajustó la corona (que con el movimiento de cabeza se le iba inclinando peligrosamente hacia un lado) y se frotó las manos muy divertido.

-Pues no se yo qué magia van a hacer...la única Magia que conocemos es la del Bosque, y los únicos que podemos asustar al Dragón somos nosotros.
Eso lo decía a quien le quería escuchar el Gnomo Miraelmar.
-Vosotros podéis asustarle, sí, pero nosotros podemos parar el tiempo; por eso llegamos a todos los niños del mundo en la misma noche. Y además, al Dragón le vamos a hacer un regalo que no olvidará jamás.

Eso dijo el rey Gaspar.

Entraban en el Bosque...
A lo lejos, se oyeron las zancadas del Dragón.

Gaspar sacó algo de una bolsa.

Melchor empezó a decir palabras rarísimas:

“Rop al aigam y al noisuli : opmeit , etarap “

-Pero, ¿qué ha dicho?...

-Está hablando al revés para parar el tiempo. Ha dicho; por la magia y la ilusión, tiempo, párate”. – Dijo Gaspar-.

De pronto, pareció que se detenía el aire. No se oía el viento, los pájaros dejaron de cantar; solo se veían las estrellas, allá en el cielo, brillantes, azules y blancas; titilando, perfectas, como si la eternidad fuera un campo claro de luz nocturna.

Gaspar fue el único que se movió, llevando en las manos el objeto que había sacado de la bolsa.

-¡Dragón!- Gritó-.

-Pero ¿qué hace?- dijo el gnomo Miraelmar-, ¡ la va a liar!...

El Rey en cuanto oyó al Dragón acercarse corriendo, cerró los ojos y enarboló lo que había sacado de la bolsa.

Era un espejo enorme (y cuando digo enorme, digo enorme).

Efectivamente; llegó el Dragón corriendo, vió su rostro reflejado en el espejo y cayó en un sueño profundo.

- Dragón, el tiempo está parado en honor tuyo- dijo entonces Melchor- mi amigo el Rey Gaspar te ha dormido pero solo un rato, para evitar que te despiertes mayor y para evitar que dejes de creer en la Magia. Y yo, por el poder que me otorgan las Ilusiones y las Quimeras, te voy a hacer un regalo: de ahora en adelante nadie que se cruce contigo se dormirá y tú podrás acompañar a los Magos a través del Bosque y recibir cada año un regalo de ellos.

- Y – añadió Baltasar-, yo te regalo otra cosa; que puedas como nosotros parar el tiempo, para que cuando un niño, la noche de Reyes se despierte antes de lo debido, no nos encuentre...


Y así fue, cómo el Dragón desde entonces acompaña a los Magos y ya nadie le tiene miedo...






martes, 5 de enero de 2010

Romancillo para el Bosque

Sombreritos de colores llevaban los duendes...
La luna en el corazón.

El río de plata y oro tenía un puente...
La luna en el corazón.


Los gnomos vestían de fiesta
La luna en el corazón.

En cada enramada una estrella
La luna en el corazón.


¡Ah, bosque mágico y perdido,
Quién te contará a ti los cuentos,
Quien te llenará los viejos caminos
de historias y de sueños!...


Si pierdo la luna
O el corazón...


Claro de luna

sábado, 2 de enero de 2010

¿Dónde están las llaves?...

Ahora ya no podía hacer nada, pensó, dando vueltas en la cama. Ni podía hacer nada ni podía arreglar el jaleo en el que se había metido, ni podía convencer a nadie de que actuó de buena fe, ni por supuesto creerían nunca que ella lo odiaba mucho más que todos ellos.
Lo odiaba por rastrero, mezquino, cobarde, manipulador, sí, por todo eso que todos le repetían, pero por mucho más, eso que no podía confesar a los otros; lo odiaba por necesitar que él la humillara y que luego la hiciera ascender al cielo.
No cabe en cabeza normal, pensó. Quizá yo no soy normal, quizá es verdad que soy una neurótica, pues ya ni lo se, qué quieres que te diga, pero yo sí creía que él podría sacarnos del atasco. Cualquiera que me oiga pensará que estoy loca, ¿cómo puede dejarme sin dormir lo que pase en un foro?, carajo, que no es mi vida, ni mi trabajo, ni mi tragedia personal.
Pero él sí lo es, se dijo, sí, él sí lo es desde que cometí la torpeza de darle mi correo, y el número de móvil, y a la vez, cuando le escucho qué alegría, por dios, qué necesidad de sus palabras...el placer de sus insinuaciones, de su melosidad, de su cuerpo...ya se que no está ahí, pero bueno, sí que está, la última vez que saqué la web cam con su voz al otro lado, manché las bragas mientras me repetía puta, zorrita, te voy a lamer de arriba abajo...solo pensarlo estoy otra vez mojada; pero es un cabrón, un cabrón y un malnacido, desde que le conozco ni él ha hecho cosa buena en el foro, bueno sí, poner la música que pone, que me enciende cada vez que lo veo, porque sé que es para mí, ya me lo dijo “cada vez que ponga una canción te estoy jodiendo el coñito”, así dijo, que le llamé bestia y se reía...pero me pide la llave, coño, que no te doy las claves, eso faltaba, que no te quiere nadie, pues por eso, me dijo, tú conmigo y nos reímos de todos estos hijos de puta que se escandalizan de todo, ya verás, nos lo pasaremos pipa, y le dí la llave, claro que se la dí, la llave de acceso y la contraseña de entrada a la página, me dijo el muy mamón “ahora bonita mía, ya somos los reyes del mambo, ya verás...” y cerró conexión. Y claro, pero lo que no podía pensar al día siguiente es que a mí me hubiera quitado, y los mensajes de los que le joden, y que cambiara las fotos, y pusiera las de chispa y toni, manipuladas, en la portada, y le escribí y me dice que ahora te jodes, para que vayas por ahí diciendo que sabes quien soy, y diciendo que vas a contarlo. Voy a joderos a ti y a esa mierda de foro de los putos cabrones niños bien, que se creen alguien, pero jilipollas, que soy informático, ¿quién te crees que os estaba jodiendo antes, para que no pudierais entrar?...solo me faltaba tu llave, calienta pollas, que es lo que eres, con tanta mariconada del voy a hacer, no perdamos la calma, nunik por favor pórtate bien, ¿quien cojones te crees que soy, bonita, un meapilas?...
No me creerían. No me creerían si se lo cuento así, piensan que lo hago para divertirme, para reírme de ellos, pero, si eran mis amigos, cómo me iba a reír de ellos, yo solo le dí la llave porque, bueno porque lo pidió tan así, con esas palabras tan suyas, como caricias; sí, ya lo se, si lo se, que se aprovecha de eso, de saber que estoy sola, de saber que no soy quien digo ser, ¿para qué le diría quién soy, para qué le confesaría el secreto?...pero esa tarde, como me puse a llorar, estuvo tan tierno, tan dulce, tan distinto a como es ahora...claro que era al principio, pero cuando me dijo aquello, mi niña bonita, mi susurro preferido, deja que lo guarde yo contigo, pues...pues sí. ¡Sí, se lo dije, ya está, y ¿qué?!... yo nunca me iba a imaginar que eso lo usaría, tantas veces luego...si no pones esto lo cuento, si no le dices a nina que se está pasando conmigo pongo tu foto de verdad, si no haces, si no dices, si no...Sí, y yo sé quien es, pero, pero ¿cómo lo demuestro yo?...
Encendió la luz de golpe. Había amanecido un día más.
Medio zombie se levantó, se lavó mínimamente la cara y encendió el ordenador.
El primer mensaje de ese día en el foro era de él, de nunik: “¿dónde están las llaves, matarile rile rile...?” leyó antes de echarse a llorar.


viernes, 1 de enero de 2010

Nadie Recordará a Charlie

Nadie Recordará a Charlie.

Una vez más, como si formara parte de un rito, esos ritos que dicen inexistentes, ahora que las mitologías se han terminado, ellos (y ellas, naturalmente) estaban donde siempre, a la hora habitual de siempre.
Extraños mundos que convergen delante de ellos, sin necesidad de exponerse. Sombras y luces que pueden ocultar o dejar ver al desnudo.
Bajo la sombra de un nombre elegido, quizá la primera elección de nombre que han hecho en su vida, a ellos que los tasaron al nacer con el regalo o desdicha del nombre que quiso la madre, el abuelito o la tía Encarnación, que ya se podía haber llamado, no sé, mujer, digo yo, Carmen, o Pilar, que al menos no me llamarían Carni, en la familia, qué manía con los apodos, congregados y dispuestos a congregar otra vez, sí, una vez más esta especie de charla, remedo de conversación, analogía de café antiguo, que se quiere llamar chat.
Y naturalmente se llaman de todas las formas posibles. Dulce placer para algunos de elegirse nuevamente nombrados, al ingresar, falta de imaginación de otros que, hartos del “pepi ya está utilizado, elija otro nick”, terminaron por escribir “pepitalaharta”, y ya para los futuros será llamada “pita” con su consiguiente desesperación consecuente.
Pero el caso es que ya están ahí, todos, otra vez, dispuestos a ser un remedo de conversantes, durante dos horas, a no ser que el servidor correspondiente decida caerse.

Ya pueden soñarse otros.
Frobius14 cuenta interminables historias sobre los terribles experimentos que los americanos están haciendo, que él lo sabe de muy buena tinta, porque es físico, aunque sea camionero y se haya leído antes de entrar las dos páginas que trae la revista muy interesante sobre el tema en su última actualización. Sofronise le manda besos en susurros, mientras le murmura “oye, ¿a ti te gusta follar?”, en un privi, y el siente como se levanta su polla y se le olvida lo que está escribiendo acerca del ácido sulfúrico y sus propiedades, que nadie ha desvelado para una vez inoculado en el cerebro, conseguir zombies. “Frobius, ¿te caíste?”, pregunta ingenuo Zarpas9, que –dice- es un profesor de teología en Viena, aunque lo más que sabe de Viena es que queda por Austria, y de filosofía el último libro de Nietzsche que se ha mal leído para poder soltar eso de “como ayer dije a mis alumnos “La última cosa que yo pretendería sería «mejorar» a la humanidad” “. Consiguiendo que Naruka escriba con mayúsculas, o sea, gritando: “Zarpas, qué pensamiento tan profundo, quisiera ser alumna tuya. Y Zarpas responda, “bah, mujer, una bobada mía”.
Charlie dice que debe marcharse. Charlie dice que es mujer, que eligió ese nombre por un hermano suyo que se murió, dice que está casada, que tiene dos niños pequeños y que canta, ella, no los niños, en un coro. Los sábados.
No es demasiado interesante Charlie; suele estar de acuerdo con el resto, aportar algún dato en alguna conversación, pero no pone nunca poemas, salvo si son de otros, diciendo lo mucho que le han gustado, y habitualmente no está más de media hora en el chat. Pareces muy tímida, le dijo una vez Frobius, también en un privado, “no, me gusta mucho leeros, no tengo mucho que decir”, contestó mientras le ponía el emoticon de la sonrisa.
Pepitalaharta le contó en secreto lo de “oye, yo me llamo de verdad Encarnación, ¿y tú?”... “yo prefiero ser Charlie”.
Sin embargo, acude. Casi todos los días con esa timidez suya, y pareciera que no está, delante de las discusiones que se establecen, los broncas que van llegando, los sucesos habituales, “perdón, me tiró”, “joer, ke no podía entrar”, los “hoy toi contento porke me ofrecieron un trabajo”, que se le escapó a Zarpas, y luego tuvo que arreglarlo contando que era en Zurich, y con mejor sueldo, con lo que al día siguiente tuvo que empaparse en un atlas histórico de dónde coño estaba Zurich y de cuatro o cinco sitios importantes.
Charlie le dijo que se alegraba muchísimo, y que esperaba que fuera el buen inicio de una nueva vida.
Zarpas entonces, se sintió mal. “Oye”- también en un susurro- “que yo no soy profe, que soy estudiante, ke toi en paro, y me ha salido una cosa en un taller de ebanistería”.
“Bueno, Zarpas, no pasa nada; lo importante es que estés a gusto. A mi me caes bien, igual un día sí te vas a Zurich”.
Aquella noche, era distinto, llegaban las vacaciones de semana santa, y se andaban todos despidiendo, así que el chat terminó bastante temprano. Entonces Charlie le susurró a pepitalaharta. Cosa rara, Charlie aceptaba susurros, pero no los promovía, decía siempre que las cosas en abierto eran mejor, para todos igual. “Espero que pases buenas fiestas, encarnación”. “Anda, ¿no me llamas Pita?”, “pues...me ha salido así, hija. Bueno, yo también me voy unos días. Igual no entro mucho a partir de marzo, hay algunas cosas que tengo que arreglar”. “ah, ¿de tu casa?”...”sí, pero nada, cosas sin importancia, líos caseros...yo es que te iba a decir, ¿sabes?, me alegro mucho de conocerte, si tardo tiempo en volver a entrar, no te olvides de mí, ¿vale?”...”mujer, no tengo porqué, te aprecio, y eres muy sencilla, me gusta mucho cuando estás”.

Y ahora, después de vacaciones una vez más, como si formara parte de un rito, esos ritos que dicen inexistentes, ahora que las mitologías se han terminado, ellos (y ellas, naturalmente) estaban donde siempre, a la hora habitual de siempre.
Extraños mundos que convergen delante de ellos, sin necesidad de exponerse. Sombras y luces que pueden ocultar o dejar ver al desnudo.
Pero Charlie no está. Han llegado todos, contando las vacaciones, alternando, naturalmente realidad con invención; la suprema dicha de poder ser fabuladores de sus propias vidas y hasta de su propia muerte, el poder también supremo de ser otros. Ficciones de sí mismos, la modelo Naruka en vez de la divorciada con hijos que hace la calle tres días a la semana y convierte a sus amantes en protagonistas de su próxima película, el maestro de Zurich al que pagan con el desayuno y la comida en el taller de ebanistería, más las propinas, Encarnación y sus libros por escribir a quien suspenden en COU por segundo año consecutivo y su padre la ha mandado a un colegio interna (tampoco volverá, claro).
Están todos. Contando, mintiéndose a sí mismos las vidas que quisieron llevar, que se soñaron una vez, que se fabulan y se escriben cada noche.
Charlie no.
Al principio todos se preguntaron por Charlie, escribieron a un correo que les dio Charlie, esperaron a Charlie.
Luego, la red es así, unos vienen, otros van, total, nadie la obliga, se habrá cansado, su familia la tendrá muy liada, empezaron a olvidar a Charlie.
Hasta que se convirtió en eso; en un símbolo, en otro espacio para el mito, en un nombre que escondía una historia que nunca terminaron de conocer. Como las suyas. Porque al fin y al cabo, ¿quién va a recordar a alguien virtual?...se decían mientras seguían contando cómo quisieran ser a través de unas teclas de ordenador.

Cada noche. Dioses de sí mismos. Hasta para desaparecer.
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* Charlie no se llamaba Charlie. Pero si alguna vez lo lee, sabe que hablo de ella*