Se ha venido el perfume endulzado de la tarde;
Súbito y breve, en tornasol de luces vespertinas,
Presagio o júbilo, anuncio vesperal del día,
Zumeando en arriates vencidos del invierno,
Haciendo tiritar magnolios a punto del fruto.
Como un difuso tintineo sordo apenas audible,
Entre luces iniciando ventanas de la noche
Acompasado a estrellas titilando en la claror,
Aroma a espliego; jazmín y vértigo.
Ya será marzo cumplido cuando esplenda,
Alzado sobre la victoria presentida;
Hoy aún –sí, tan leve- es un bosquejo
Una silueta de limón y frambuesa
Entre los almendros que sueñan flores.
viernes, 19 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
El Sueño
No le resultaba raro lo que le sucedía, porque le pasaba cada noche.
Se dormía y se ponía a soñar. Naturalmente el mismo sueño. Con las mismas personas y en el mismo lugar.
Sencillo y brevísimo. Llegaba a una casa que parecía abandonada y llamaba a la puerta. Le abrían. Entraba. Había cinco o seis habitaciones cerradas. Por los pasillos parecía circular gente a la que no conseguía ver.
Después entraba en un gran salón, en el que parecía haberse instaurado el abandono: telarañas, sillones cubiertos con sábanas blancas agujereadas, cornucopias semi caídas.
Entonces entraban dos personajes.
-Ya has regresado.-le decían con un gesto neutro-.
Él los miraba.
Y se despertaba.
Pero hoy en vez de despertarse ha respondido que sí.
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