jueves, 12 de julio de 2012

Para Vivir aquí.


Se fue construyendo lentamente en un julio de fuego. Entre tazas de café y pinchos de tortilla. Entre cerveza helada y madrugones. Entre bolsas, paquetes, cajas y muebles por colocar.

lunes, 9 de julio de 2012

Melancólica conclusión.

Con harta melancolía comprueba el ecologista que al único que ha conseguido joder en diez años con su decisión naturista es al carnicero del barrio.

domingo, 1 de enero de 2012

Alejarse

Les dejo este poema; denle a más información.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Poema de la inmortal memoria de los días que no fui.

Poema de la inmortal memoria de los días que no fui.





Nunca fui Bukowsky

Nunca leí entre borracheras y humo

Porque la ceniza hace lagrimear y hay que sonarse.



Nunca escribí ni un maldito verso maldito

Porque no aprendí-no me enseñaron-a maldecir;

No quise aprender los caminos del odio,

Y la única vez que lo hice vino la Hiedra a salvarme.



Nunca pasé toda la noche en vela velando

Por ver si escribía un poema  o alguien me amaba;

Tan vida sencilla inocente e ingenua

Que en vela solo velé mi espanto de una salud inexistente.



Nunca escupí escribiendo poemas.

(Salvo a los quince años, naturalmente)

Conseguí que el cielo no me devolviera mi mierda.



Nunca fui bohemia, nochetriste ni crápula de salón;

Nunca supe inventarme que sí lo había sido.

Nunca usé la lluvia para echarle la culpa de mi tristeza.



Y toda la nostalgia y el dolor y el desamparo

Que vinieron a visitarme tantos días,

Apenas fueron aconteceres cotidianos que a todo el mundo le suceden.




Che Guevara a ritmo de Rap.

No me digan que el Che se ha muerto

Hace cuarenta años,

Lo mataron ustedes cuando lo traicionaron.



No me digan que Guevara está caído en tierra;

Mientras haya una injusticia

Guevara es una Bandera.



Yo vivía en un país que aún tenía sueños

Una patria libre,

Poder enterrar a sus muertos.



Yo vivía en un país que soñaba utopías

Pintando en las paredes

Sin preguntar si se podía.



Yo vivía en país de gestos solidarios

Donde a los esquiroles

Los desenmascarábamos.



No me digan que el Che se ha muerto

Que han muerto sus ideales:

No estoy dispuesta

A ir a esos funerales.
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( Dedicado a los esquiroles, o sea a los políticos de "izquierdas" de mi País).

martes, 11 de octubre de 2011

Perplejidad

Asombra la cantidad de gente que confunde publicar un libro con ser escritor.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Innecesario.

Los silenciosos escandalosos dicen muchísimo más que todas las explicaciones previas, aburridas y muchas veces innecesarias.

domingo, 28 de agosto de 2011

Manifiesto impublicable.




Qué hartura del tonto, el bien intencionado tonto que no entiende nada.

Ese que se para con el objetivo de señalarte, por si no lo sabes, que has puesto una palabra que no existe, o que escribes sobre la soledad y te dice que  te acompaña en el pensamiento, o que le dices por teléfono que no puedes atenderle y te larga una filosofía de que claro estarás con tus creaciones...no mire usted, me estoy meando, con perdón.

Los tontos cargantes, pelmas, los tontos buenos, los tontos que no puedes decirles vete a la mierda porque "cómo iba a yo a pensar que te molestaría", y siguen sin entender porqué te molesta y es inútil explicarles porque no saben, gugu tata; qué hartura del tontito, sí, de ese que es inofensivo pero que de tan inofensivo todas las chinitas que pone terminan por hacer que te quites el zapato y se lo tires a la cabeza.


lunes, 22 de agosto de 2011

Futurible inconcreto

¿Quién te querrá bajo la sombra, quién te querrá


Con la lluvia larga, enamorando el ciprés

Que te cuida a la vez que te guarda?...



¿Quién te soñará sonrisa esperando

La llegada de los viajeros, sin prisa,

Cada aniversario que no lleguemos?...



¿Quién se preguntará entonces, quién

Ligero de paso cubrirá el sendero,

Porque seremos nosotros los que ya no estaremos?



¿Quién nos recordará como hoy te recordamos

Mientras miramos el sueño de tu eternidad?...

jueves, 18 de agosto de 2011

Manifiesto nº 3 ( Dedicado a Catherine porque me da la gana.)




Proclamo mi derecho irrenunciable a ponerme sentimental, llorona y cursi sin dar explicaciones por ello ni justificarme.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Manifiesto: Nº 2.

Proclamo mi irrenunciable derecho a no contestar estupideces.

martes, 16 de agosto de 2011

Manifiesto




Ante la ola de buenismo y buen rollito que invade a algunos/as pelos sin cabeza, proclamo mi derecho irrenunciable a ser borde.





domingo, 31 de julio de 2011

La señal del aire.

Un viento nublado repentino recuerda que no es la pausa lo habitual. Se caen tres hojas como en sobresalto entre el helado de limón y la fuente del agua.

Miro a través de la nube blanquinegra: no tan inofensiva como el verano quisiera.

Mañana es uno de agosto. Sí.

Un mes para septiembre.



miércoles, 27 de julio de 2011

Breve apunte sobre modos y maneras.

Cuando a la indirecta se responde con una directa, el/la respondido/a suele tambalearse.


Demostración de que nunca se debe mantener el silencio ante la bazofia.

 
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martes, 26 de julio de 2011

Cuentos Viejos.

Había un cuentecito muy viejo leído no se dónde que después de relatar todo lo que iba mal, crisis, paro, bombas, asedios, guerras, y algunas cosas más, con muchísimo humor decía al final “ y lo peor es que me estoy constipando”.



A veces tengo que reconocer que los cuentos tienen razón.

sábado, 23 de julio de 2011

Anticipo

Se han traído las nubes un presagio mate


como dados de tiempo que avisara,

aunque el sol quiera darle a la tarde

tornaluz de mañana,

aunque la tarde enrojezca el aire.



Se han traído las nubes un aroma suave

premonición de hojas y de parques.

martes, 12 de julio de 2011

Prosaismo.


Y El Escritor-La Escritora- sumido/a en el Éxtasis no se percató de que se le quemaban las patatas en la cocina.


sábado, 25 de junio de 2011

Vallina. ( relato)

Estábamos en el jardín de las estatuas Paloma y yo. Paloma era dos o tres años más joven que yo, aunque yo, por las pintas, no tendría más de veinte.

Yo llevaba de la mano a Paloma y tiraba de ella. Claro, ella no se daba mucha cuenta de que yo la acababa de salvar de los hombres de las ventosas- aún llevaba una a la espalda- y que teníamos que salir de allí.

-Mira, Paloma- le dije- hay que salir de aquí.

-Pues corremos y nos vamos.

-Que te digo que no; si corremos todo el mundo se dará cuenta de que nos queremos ir; hay que ir hacia la salida pero como si estuviéramos dando un paseo, y no mirar a nadie a los ojos, porque nos los vamos a encontrar enseguidita y va a ser un lío.

-Y toda esta gente, ¿se quiere ir también?...

-Algunos sí, pero otros son espías de los hombres de las ventosas; así que tú, ponte a hablar del paisajito, o como si hubiéramos quedado con alguien, y no viniera.



Paloma me hizo caso, agarradita de mi mano y en un tono demasiado alto empezó a decir un montón de tonterías- a mi modo de ver- como que la hierba estaba realmente muy verdecita, que había que ver qué árboles tan grandes y tan gordos, y que era un pena no habernos encontrado con nuestros amigos, que se habrán perdido, ya verás, con lo grande que es esto.



Ay señor, yo tiraba de Paloma y veía que como siguiera hablando así de alto los de las ventosas iban a aparecer en un momento...



Las estatuas nos miraban, o a mí me lo parecía; pensé, es que detrás de cada una pueden estar ellos...

Ondulaba el sendero y se hacía intrincado; por aquí no era, pensé; este camino nos llevaría al bosque.



-A ver Paloma, ven por aquí, a la derecha...

No hemos visto a...

-Pues ahí le tienes...-dije con un suspiro de “ya lo estaba oliendo”.



El tipo de las Ventosas, como todos ellos era muy delgado, vestido de negro, y con una sonrisa siniestra que para qué os digo...

Agarró a Paloma y la quiso atraer a su espalda para pegarle la ventosa.

Le pegué un empujón, y la grité.



-¡Corre, Paloma!, hacia el camino de la cuesta, todo seguido...



Paloma echó a correr, mientras yo me desasía del espantajo.

Al final del camino la ví.

Se veía también una salida, o al menos luces, y se puso muy contenta...

-Ahora ya nos vamos...

Yo me callé.

Salimos fuera de los jardines.

Era un camino con acera a los dos lados, luces al final de él, y una especie de muro.

-Hay una parada de autobús.

-Sí, Paloma, pero ¿te has fijado?...no hay nadie esperando el autobús.



Era una trampa, claro, de los hombres de las ventosas. Yo sabía que no podíamos esperar ese autobús, porque nunca vendría, y que las luces eran las de entrada-por la otra parte- otra vez a los jardines.



Había además dos rocas, si te adentrabas un poco en el camino.

Pensé; con Paloma no iba a poder hacer lo que me proponía, pero sí si se lo explicaba y me hacía caso.

-Mira, Paloma, te tienes que quedar aquí, debajo de esa roca; no mirar a nadie, no responder a nadie que te pregunte, como si fueras sordita y mudita, y si ves a los espantajos echar a correr como si fueras Pedro Delgado en sus buenos tiempos de ciclista, pero...

-¿ Pero?...

-Tienes que correr como los cangrejos, o sea de espaldas a la carretera y siempre hacia abajo.

-Y ¿tú, dónde vas?...

-Yo tengo que encontrar la casa donde nos enciendan la luz verde para que estos espantajos se larguen de una vez...



Paloma abrió y cerró la boca como si oyera campanitas.



-¿La luz verde?...

-Ay, sí, Paloma, ya se que no te enteras, pero por dios y todos los santos, hazme caso.

-Lo que tú digas- y se fue a meter debajo de la roca.



Tiré por el camino, rodeando lo que sabía eran las casas trampa; todas encendidas las muy muy, pensé; pues no, que no me pilláis, capullos...



Descendiendo, hacia la izquierda, escuché como un tintineo...



Debe ser aquí...y ahora sí que corrí.



Era una casa grande, con un torreón que se caía de viejo y con una especie de buitre de hierro que fosforecía.

Sí, pensé mientras corría más, llegaba al portón, porque además ahora escuchaba a diez o doce hombres de las Ventosas por el camino, correr detrás de mí.



O sea que llegué más acelerada que una cantante de ópera en su debut.

Llamé a la aldaba, como si se hundiera el mundo.

Y abrió ella.

Ella era una mujer bajita, regordeta, vestida de rojo, y con un plumero en la mano.

-¿Qué quieres?...

-Que abras, que vienen, las ventosas, que tengo a Paloma escondida y que nos tienes que encender la luz verde...



Me atropellaba, claro, pero me entendió a la primera.

-Pasa...

Cerró y nos quedamos a oscuras.

Entonces vi al menos dieciséis pares de ojos fosforescentes que me miraban, y maullaban a la vez.

-¡Qué cantidad de gatos!...

-¿No te asustan?...

-Me encantan...

Dejaron de maullar.

Perdona, es la manera de saber si perteneces a las Ventosas, a ellos les asustan una barbaridad, es lo único que les hace irse.

-¿Cómo logras que maúllen a coro?...

-Hago como si les pisara la cola; doy una patadita en el suelo.

-¿ Como sí?...

-Eso luego te lo explico?...lo malo es que tengo la bombilla fundida y a ver cómo encendemos la luz verde...

Se alejó y regresó con una vela.

- Pues da la patadita...porque vienen al menos treinta...-le dije- asomándome por la especie de balconcito.

Me hizo caso, y mientras se alejaba otra vez, un maullido como un coro de náufragos a la vista de tierra se elevó en la noche.

Las ventosas retrocedieron prudentemente, mientras escuchaba a alguien correr por el camino.

-¡Es Paloma!...corre....

Ya lo creo, empujó a la de la luz verde, me empujó a mí, empujó a los gatos y se sentó de golpe sobre una silla medio rota, dándome de paso un pisotón más que regular.

Luego empezó a boquear y a querer explicarse.

-Cállate Paloma, luego nos lo cuentas, que esta mujer tiene que poner la luz verde y si no, veo maullando toda la noche a los gatos.

Tiritó un poco.

- ¿Le dan miedo?...

-Un poco, tiene pegada media ventosa todavía, de cuando salimos corriendo...

-Bueno- dijo desde una habitación que yo no veía- aquí hay una bombilla; en cuanto la encienda, se desvanecerá el jardín, el bosque y , por supuesto los hombres de las Ventosas, y estaremos en lo normal, una ciudad a pleno día, y una casa-la mía- normalita, con balcón a la calle.

La oímos enroscar la bombilla, y todo de pronto se iluminó de verde: inmediatamente pasó lo que dijo; estábamos en una especie de apartamento exterior, amueblado con mucho gusto, sin rastro de espantajos, sin gatos, de día, y Paloma en vez de ventosa tenía a sus pies los restos de una gamuza.

-Hay que tirarla-dijo Ella- y volvió sin la gamuza al momento.

Y en ese instante, yo ví las dos cosas:



Quiero decir, ví perfectamente el apartamento, a la mujer, sencilla, natural, sonriente, la luz de los ventanales, a Paloma sonriente....

Y el bosque, la noche, las ventosas esperando...



-Pero...

-Ya, tú sí lo ves, Alena, te pasa lo que a mí.

-Pero...

-Alena, esto es un sueño, yo y todo lo demás pertenecemos al mundo de los sueños, mi casa, las ventosas, el bosque, este apartamento, la luz del sol...sólo que nunca habías llegado a conocerme, siempre te quedabas en el jardín de las estatuas. Has tenido que ayudar a alguien-que tampoco existe, imagino que es una representación tuya, porque muchas veces quisiste que te ayudaran- para llegar aquí...ahora espero que puedas soñarme muchas veces, porque estaré esperándote; mis gatos y yo, para ayudarte en otras cosas...

¿Cómo te llamas?...

-Ponme nombre, lo sabes.

-¿Te llamas Vallina?...

-Tú lo has dicho.

-¿De dónde he sacado ese nombre?...

-Ah, eso, lo tendremos que ir averiguando cuando me vuelvas a soñar, pero ahora lo que tienes que hacer es despertarte...



Sí; me desperté esta mañana, y me quedé con ganas de narrar este sueño que he tenido; no sé si Vallina existe, pero seguro que la vuelvo a ver; a ella y sus gatos.



sábado, 4 de junio de 2011

Palabra herida.

Qué tristeza tienen las palabras cuando se las desgasta...malbaratadas, mal usadas, desnortándose entre pausas que no son suyas.

Las grandes palabras; amor, libertad, muerte, dolor, justicia...envejeciendo entre líneas de sentimientos superfluos, de solemnes declaraciones, de extensos poemas en los que se ajan y amarillean.

Se avergüenzan entonces y quisieran marcharse, huir, desaparecer del texto; no asistir a su ultraje.

Pero no pueden. Y quedan ahí, cubiertas del hollín de la pedantería, del mercado de abastos de los vendedores de palabras; a cuarto el kilo; póngame cuarto y mitad de metáforas, tres lonchas de sinónimos, dos rodajas de aliteraciones.

Vendidas al mejor postor.

Su única defensa es que las olviden; misericordiosamente.

jueves, 2 de junio de 2011

Las Duraciones. Poemas inéditos aún.

Poemas inéditos aún.

De mi libro inédito aún, Las duraciones. De: Los accidentes: Los niños.




III



Sobre el suelo de barro

no tiene consuelo el invierno

viendo el plumier roto.



VI



Si se fuera con ellos

la eternidad rota

de la tarde, se haría presente.





VIII



La fotografía

aún asusta lo que pudo ser

estableciendo su muerte duradera.







Del mismo, de la sección los objetos de los niños.



II



El caballito de cartón

se derrite bajo la lluvia

mientras el niño viste

su primer pantalón largo.





Del mismo, de la sección Las horas del día.





Fondo en bronce

descenso agónico

fusilado anochecer.





***





En el intervalo

espera la madrugada

la derrota del alba.