Se ha dormido en el aire tranquilo de las viejas cosas
Fotografías, retratos, caen sobre su falda, el sueño
Viene todas las tardes amable y puro a buscarla,
Como la lluvia que cae afuera, lenta y suave dejando
En este invierno palabras de ternura que no regresarán más.
Mirad sus cabellos de nieve ahora sin domesticar
Mientras duerme como una niña en la tarde quieta,
Mirad su sueño calmado sin sombra de pesar
Mientras sus manos reposan sin dolor ya.
La miraba entonces sin decir nada como si fuera
Un lugar en vez de una presencia, un nido,
Una casa para quedarse donde no hay frontera
Un árbol en el que estuviera conmigo.
Sin temor a la nieve que brillaba fuera:
Sin abrigo.
sábado, 6 de noviembre de 2010
jueves, 4 de noviembre de 2010
A Luís Cernuda.
Nadie por el sueño a visitar tu alma llegó;
Nadie por el viento, nadie por alamedas.
En los caminos del aire nadie, nadie
Por las sombras, por el agua nadie.
Tirar la piedra como un cuchillo
Para herir tu voz altiva de ciprés
Vertical y puro, alejado en noche
Al margen de los otros tan necios.
Nadie quiso tu poema para nosotros,
Nadie habitó el olvido, te dejaron solo;
En un arco de bullicios y palabrerías,
De rosas pisoteadas bajo pretextos,
De mezquinos vislumbres; a ti,
Que de tan alto eras como un sauce
En la frontera de una quimérica desolación.
Nadie por el viento, nadie por alamedas.
En los caminos del aire nadie, nadie
Por las sombras, por el agua nadie.
Tirar la piedra como un cuchillo
Para herir tu voz altiva de ciprés
Vertical y puro, alejado en noche
Al margen de los otros tan necios.
Nadie quiso tu poema para nosotros,
Nadie habitó el olvido, te dejaron solo;
En un arco de bullicios y palabrerías,
De rosas pisoteadas bajo pretextos,
De mezquinos vislumbres; a ti,
Que de tan alto eras como un sauce
En la frontera de una quimérica desolación.
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