miércoles, 20 de enero de 2010
Algunas veces, cuando te pienso...
tú que te estás perdiendo ahora el esfuerzo llevado a buen puerto.
Imagino tu clara mirada y tus manos abiertas en asentimiento
los ojos que chispean como titilando en el claror del ya lo decía yo.
Con tanta sencillez –como tú eras- oh, tú, sencilla y clara en la alegría,
lo hablaríamos en voz baja como son las cosas alegres en casa:
sin adornos, ni artificios, con la frescura del agua que se derrama,
hontanar cristalino, siempre arroyuelo, nunca cascada.
Algunas veces cuando te pienso imagino tu voz reafirmando:
“Camina despacio, sin perder el norte, sin trancar el paso
sin dolerte de ti ni olvidar ni pasar por alto
a quienes al lado del camino caminaron a tu lado,
desbrozaron senderos, abrieron veredas, te dieron la mano.
Y si al final no llegaras a ninguna parte, no hubiera sendero
ni valle, ni senda, ni cuesta, ni colina, ni altozano,
en la última curva de la última recta, del último paso
sabes que yo sí, yo te estaré esperando.”
martes, 19 de enero de 2010
Sobresalto
Entonces sucede, usted lo sabe, son cosas nimias, sin trascendencia,
no salen en la tele, ni las dice la radio, usted sabe, son esas cosas,
esas pequeñas tonterías; usted ha apagado el pitillo, y el café,
ya frío, posos en la taza, helado como un rostro ajeno, o ceniza,
en la mesa, restos, la pieza de fruta, y la radio suena monótona,
se oyen gritos del de siempre, oh, los contertulios, y la carcajada
del gracioso, el amaneradamente simpatiquísimo que escupe,
y todos ríen, y usted, ya se sabe, son esas cosas que suceden a veces,
las decía aquel poeta, aquel raro, maldito algunos le llamaron,
ese que tenía un apellido tan largo como su soledad y su derrota
[en noches como ésta, cuando a usted, o a él, les venía como un vómito, ]
o una irrefrenable sensación de que nada era como está previsto,
[y no es posible salvo la quemazón infinita de las ausencias, derrelictos, ]
notas a pie de página que nadie leerá, o el simple aletear de un pájaro
[que se muere bajo las estrellas de una ciudad inexcusablemente vacía. ]
[Entonces, sí, entonces sucede, usted ya no mira, entrecierra párpados, ]
la radio ahora escenifica música para la madrugada, qué atenta,
se derrama usted en el sofá, largo, como un río o una orilla,
[mas allá de los alborotos, del recuerdo contrariado de un negador de síes, ]
más allá de los desencuentros entre su corazón y su palabra, lejano
[al gratísimo- oh, mi gratísimo amigo- afilar de cuchillos bajo sonrisas ]
extemporáneas, dúctiles, a tanto la hora, ya no. ya no.
Entonces sucede:
en el reflejo del ventanal que lo refleja,
se mira usted como si fuera otro y no se reconoce.
y se sobresalta.