No se sabe, no, no se sabe dónde están los días que se pierden, que perdimos. Los vamos buscando entre hilachas, jirones de tiempo, neblinas que nos cercan, y no encontramos aquél minuto, aquellas horas, aquél aroma o sonido. Como si vivir fuese ir olvidando, enterrar cosas, o simplemente deshacer las formas de aquello que alguna vez también fuimos nosotros.
Buscamos en las mañanas grises, miramos el cielo, las nubes, la calle, esperando algo, no se sabe bien qué, recordando de forma difusa, vagamente, trocitos de vida que hoy quizá nos parece ajena pero que fue nuestra. Tan nuestra como la de ahora, y que entonces era tan real como la de hoy.
Pedacitos de gelatina que se escurre. Se nos va entre los dedos, y solo recogemos gotas, gotitas pequeñas y leves, un eco, un murmullo, tan velado que ni siquiera podríamos decir con certeza que era eso lo que buscábamos.
De vez en cuando, solo de vez en cuando, lejos, más allá de los cristales, más allá de la calle, entre tejadillos bronce y un sol desvaído, es cuando aparece como un matiz, como una sombra, la huella; la huella brevísima y vaga de lo que en alguna ocasión también fuimos nosotros.
Y entonces...
Entonces nos quedamos quietos, indecisos, temblorosos o desconcertados, o asustados, o conmovidos, alargamos las manos, queremos abrazar esas motas tal polvillo de plata, ni siquiera oro, o quizás oro envejecido. Y vemos, notamos, percibimos, cómo se licuan entre las hojas muertas del otoño.
sábado, 16 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
Desencuentro
Ahora, sentadas, copa, zumo, vaho, cigarro...
Me lo cuentas, sí, es tan importante, tan ineludible,
Todo eso, el marido inútil, o la amiga inexperta,
O los hijos que te traen a mal traer, dices, ah, los hijos,
Esos flor de un día de sexo apasionado, cuando eso era importante,
Los que nunca tuve, alivio suspiro alivio pienso, los hijos,
O el tedio, dije, dijiste, ellos dijeron, pero ya tú sabes, no es cierto,
Yo nunca, yo ya lo sabes, ella no supo, yo no dije, ellos siempre ellos,
Dijeron, sí, y lo repites; o años de carencias afectivas, claro, sí,
También puede ser eso, y los azules se alejan, ojos de niebla,
Y escucho, escucho, escucho, oído atento, media sonrisa, cierto,
Pero oh no, evítalo si puedes, si pudieras, solo te ruego, no el gesto,
No la mirada primero y más adelante me cojas la mano como
Un asidero, mástil o quilla de barca, mientras te resbala la paz
Por tus ojos grises a los que no, definitivamente no me adhiero.
Me lo cuentas, sí, es tan importante, tan ineludible,
Todo eso, el marido inútil, o la amiga inexperta,
O los hijos que te traen a mal traer, dices, ah, los hijos,
Esos flor de un día de sexo apasionado, cuando eso era importante,
Los que nunca tuve, alivio suspiro alivio pienso, los hijos,
O el tedio, dije, dijiste, ellos dijeron, pero ya tú sabes, no es cierto,
Yo nunca, yo ya lo sabes, ella no supo, yo no dije, ellos siempre ellos,
Dijeron, sí, y lo repites; o años de carencias afectivas, claro, sí,
También puede ser eso, y los azules se alejan, ojos de niebla,
Y escucho, escucho, escucho, oído atento, media sonrisa, cierto,
Pero oh no, evítalo si puedes, si pudieras, solo te ruego, no el gesto,
No la mirada primero y más adelante me cojas la mano como
Un asidero, mástil o quilla de barca, mientras te resbala la paz
Por tus ojos grises a los que no, definitivamente no me adhiero.
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