Se ha venido el perfume endulzado de la tarde; Súbito y breve, en tornasol de luces vespertinas, Presagio o júbilo, anuncio vesperal del día, Zumeando en arriates vencidos del invierno, Haciendo tiritar magnolios a punto del fruto.
Como un difuso tintineo sordo apenas audible, Entre luces iniciando ventanas de la noche Acompasado a estrellas titilando en la claror, Aroma a espliego; jazmín y vértigo.
Ya será marzo cumplido cuando esplenda, Alzado sobre la victoria presentida; Hoy aún –sí, tan leve- es un bosquejo Una silueta de limón y frambuesa Entre los almendros que sueñan flores.