[Para atravesar los años conmigo hubieras debido elegir el silencio. ]
[Entonces hubieras podido cruzar la niebla donde los días se solapan; ]
[Grisalla y ceniza en una ciudad donde mi juventud se muere ]
[Sin que los labios se abran para dictar salvo sentencias. ]
[El dolor diseminado en guijarros y piedras en las manos rotas. ]
[Más tú no lo ves; no lo viste. Aterirse de frío era solo cosa mía. ]
[Mientras vuestras miradas cambiaban de acera cada vez que pasaba aquel capazo. ]
[Aquella alcuza de ternura que rodeaba mi vida más allá de ti y de mis quince años. ]
[Mucho más allá de las carcajadas como asesinatos al tiempo de doblar la esquina ]
[La esquina de la calle como navaja para que siguieras jugando. ]
[Para atravesar los años conmigo hubieras debido elegir el silencio. ]
[Porque la palabra ya no te salva de la infinitud de mi vida que viene de antes ]
[De tan lejos de ti como unos ojos que esquivan los míos una mañana de verano. ]
[Hacía sol y tú te reíste para mi eternidad de quien llevaba su nombre en mis labios impreso. ]
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* Los corchetes señalan el final de línea de verso. *
Lo puedes escuchar aquí.
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martes, 2 de marzo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
Dones Cotidianos
Si no fuera por las rosas, las nubes azules, el mar en calma,
Si no fuera por el horizonte de trigales miniados por el viento,
Si no fuera por las luces encendidas de las viejas chimeneas,
Por las ventanas iluminadas en las tardes del invierno largo,
Por los amaneceres lentos del café pausado y el aroma del pan,
Por las tardes tranquilas mientras se muere el sol en los tejados
Y caminan las gentes y las vemos y miramos al trasluz su paso,
Por las farolas de la noche encendiendo esquinas donde pasa
El perro del vecino, la mujer del capazo, el viejecito del cigarro,
Por las faldas al vuelo de cada primavera y los brazos al aire
De las eternas adolescentes presuntuosas de su cuerpo aún grácil,
Y los torsos desnudos de los muchachos siempre los mismos
Que transitan y ríen y cantan y alborotan porque la juventud
Ah, la juventud es siempre donaire y presteza y ventura.
Si no fuera por esos pájaros que aletean en la plaza, antes
De beber en la fuentecilla y saciarse y dorarse al sol lento,
Frío sol de este invierno de nieve y ventisca y lluvia,
Si no fuera por la vida, como un cántico o un presagio,
Afirmación hacia lo alto de verticales certidumbres en sosiego;
Vivir es ser cada día, cada instante, cada minutero, totalidad
Del mundo contenida en esta calma que atraviesa el domingo
Para donarme los dones cotidianos del crecer en síes
En tanto el mundo me habita y yo me entrego y lo alzo.
Escuchar aquí.
Si no fuera por el horizonte de trigales miniados por el viento,
Si no fuera por las luces encendidas de las viejas chimeneas,
Por las ventanas iluminadas en las tardes del invierno largo,
Por los amaneceres lentos del café pausado y el aroma del pan,
Por las tardes tranquilas mientras se muere el sol en los tejados
Y caminan las gentes y las vemos y miramos al trasluz su paso,
Por las farolas de la noche encendiendo esquinas donde pasa
El perro del vecino, la mujer del capazo, el viejecito del cigarro,
Por las faldas al vuelo de cada primavera y los brazos al aire
De las eternas adolescentes presuntuosas de su cuerpo aún grácil,
Y los torsos desnudos de los muchachos siempre los mismos
Que transitan y ríen y cantan y alborotan porque la juventud
Ah, la juventud es siempre donaire y presteza y ventura.
Si no fuera por esos pájaros que aletean en la plaza, antes
De beber en la fuentecilla y saciarse y dorarse al sol lento,
Frío sol de este invierno de nieve y ventisca y lluvia,
Si no fuera por la vida, como un cántico o un presagio,
Afirmación hacia lo alto de verticales certidumbres en sosiego;
Vivir es ser cada día, cada instante, cada minutero, totalidad
Del mundo contenida en esta calma que atraviesa el domingo
Para donarme los dones cotidianos del crecer en síes
En tanto el mundo me habita y yo me entrego y lo alzo.
Escuchar aquí.
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